¿Voto en blanco o abstención? Cómo influye el voto en las elecciones de Madrid

Cuando llegan las elecciones generales o autonómicas, hay un sector de la población que está descontento con los políticos y elige o bien no participar en la votación o bien participar a modo de castigo, sin elegir a ninguna formación. Para ello existen diferentes vías como el voto en blanco, el voto nulo o la abstención. Pero ¿cómo puede influir esto en las elecciones en la Comunidad de Madrid?

El primer paso es definir qué significa cada tipología. Los votos en blanco son emitidos con un sobre que no contiene ninguna papeleta. A este tipo de votos se les atribuye un carácter de protesta pues la persona ha querido emitir su voto de forma válida, eligiendo no optar por ninguno de los candidatos –este tipo de votos se suma a los votos obtenidos por las candidaturas para hacer el reparto final de escaños–. Por otra parte, un voto nulo es un voto que, como establece el artículo 96 de la Ley Orgánica del régimen electoral general, no puede ser válido por diferentes cuestiones. Por último, abstenerse en unas jornadas electorales significa no acudir a votar ni emitir el voto de ninguna manera posible.

En cuanto a determinar la influencia que pueden tener este modo de ejercer el derecho a voto, hay que tener en cuenta que España se rige por la conocida Ley d’Hont, un tipo de sistema proporcional de reparto de escaños que se usa en el sistema electoral. Por tanto, todas las candidaturas que no hayan obtenido al menos el 3% de los votos se excluyen. De este modo, los votos en blanco aumentan los votos que necesita una formación para pasar ese primer corte. Es por ello que suele decirse que el voto en blanco puede perjudicar a todas aquellas formaciones que se encuentran cerca de ese porcentaje, favoreciendo en el reparto proporcional a las candidaturas mayoritarias.

La Ley d’Hont establece que las candidaturas se ordenan de mayor a menor según el número de votos finales. Así, una vez alcanzado el 3% de los votos y, por lo tanto, pasar el primer corte, se va dividiendo el número de votos de cada partido por 1, 2, 3, 4… y así sucesivamente hasta llegar al número de escaños que están en juego. De esos cocientes resultantes de las divisiones se eligen los mayores y se asignan escaños.

Con ese escenario, el grado de abstención es un gran indicador de la representatividad de la elección que está en juego. Es decir, si solo acude a votar un 10% de la población, el resultado solo refleja el voto de ese pequeño porcentaje, y no puede saberse cuál es la preferencia del resto de la población. Además, la abstención puede ser considerada de manera diferente dependiendo de la elección y de los partidos políticos en juego, pudiendo suponer un aspecto negativo en formaciones que necesitan incentivar votantes que, de forma general, no acuden a las urnas.