Quién es quién

El coronavirus trajo de regreso de La Habana a Cristina Fernández y a su hija Florencia. En ese mismo viaje, en las maletas del expolio, el virus del rencor y la incoherencia llamó a la puerta de la Casa Rosada. Alberto Fernández, en una de sus comparecencias diarias, habló así de los empresarios: «Muchachos, les tocó la hora de ganar menos». El 72 por ciento de popularidad que había alcanzado en ausencia de la viuda de Kirchner se esfumará como su presunta independencia. Viviana Canosa, una periodista que le conoció a fondo, le preguntó al presidente argentino cuánto ganaba y si estaba dispuesto a recortarse el sueldo, Fernández respondió: «es un tema recurrente, no necesariamente justo» y disparó contra los ingresos de los jueces.

Lacalle Pou estrenó el poder de la mano de Covid-19. El presidente de Uruguay creó un fondo estatal y anunció recortes para el Gobierno en pleno, «es el momento de que todos hagamos un esfuerzo», asumió. La madre de Joaquín «Chapo» Guzmán, no le habló de dinero a Andrés Manuel López Obrador cuando éste la saludó afectuosamente. Lo que quiere la señora es la repatriación del narco extraditado a Estados Unidos. AMLO lo pensará y quizás, le pida ese favorcito a Trump mientras, ahora, pide a los mexicanos no rozarse y quedarse encerraditos.

Esta crisis ha destapado el verdadero rostro de dirigentes que se creyeron y convencieron a los suyos de que eran hombres de Estado. Hemos visto a Macron celebrar la primera vuelta de las elecciones municipales como si tal cosa. En estos días de enfermedad, muerte, incapacidad y miseria, el contagiado Boris Johnson, estaba dispuesto a diezmar el Reino Unido con un pensamiento más cerca del nacional socialismo que de Darwin. En esta fase del juego de quién es quién, un sujeto como Bolsonaro pretendió seguir su estela y proclamó la superioridad del brasileño que puede «bucear en cloacas» y salir más fuerte y saludable. En estos tiempos del cólera reprimido en la gente, sufrimos con la enfermedad y nuestros gobernantes. Pero lo peor es que la historia, no termina aquí.