Puente de Vallecas, punto caliente del coronavirus en Madrid: «Aquí hay muchos irresponsables»

En la almendra central del distrito de Puente de Vallecas, el bulevar de Peña Gorbea, varios grupos van, vienen y se reúnen en torno a los bancos. Son las «tribus», como los llaman algunos lugareños, que inundan a diario la zona; muchos, ajenos a las recomendaciones sanitarias y a la última noticia del Gobierno madrileño, que estudia un segundo confinamiento en los puntos calientes del coronavirus. Los vecinos culpan a estos encuentros de la situación epidemiológica del distrito, cuya tasa de incidencia acumulada alcanza la imbatible cifra de 1.240,76 nuevos contagios por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días.

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«El problema es que hay aquí hay muchos irresponsables», lamenta Joana, poco después de recoger a su hijo del colegio. «Los bares y el bulevar están llenos el fin de semana, con unos tragos la gente ya no lleva mascarilla», cuenta. No muy lejos del parque donde juega su hijo, la escena que describe se produce entre semana y a plena luz del mediodía. «Nos juntamos los paisanos», reconoce un hombre que se hace llamar El Negro, junto a varios amigos. Eso sí, asegura que él trata de ser responsable: «Yo paro de beber, pero el resto están ebrios y no guardan la distancia, cuando se lo digo contestan: “De algo tengo que morir”».

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«Aquí están bebiendo, arriba están los yonkis, abajo los moros…», describe Maikel, el encargado de tres locales del concurrido bulevar. «La gente no es consciente de lo que pasa», dice. De hecho, desde que el horario de la hostelería y el ocio nocturno se redujera hasta la una de la madrugada, tiene problemas para echar a sus clientes. «Los clientes de Vallecas se piensan que las terrazas son suyas», comenta, ya que cada noche tiene que enfrentarse a negativas constantes para abandonar las mesas y las cervezas.

Mientras, el distrito tiene todas las papeletas para un segundo confinamiento. «Sería horroroso, la economía no aguantaría», comenta Pilar, que trabaja en una tienda de moda, en la avenida de la Albufera, desde hace treinta años. «No moriremos de Covid, pero moriremos de hambre», zanja.

El mismo temor se extiende entre los bares y comercios, también entre los padres, si bien todavía no están claras las condiciones de este encierro selectivo. «Lo único que pido es que la niña pueda seguir yendo al colegio», solicita Ramona, que sujeta la mano de Daniela, de 7 años. «No ha habido ningún positivo en su clase», añade. Por ahora, los centros educativos continúan con la mayoría de alumnos en sus casas. «Seguimos con la semipresencialidad, el colegio está prácticamente vacío», corrobora Félix, profesor del IES Vallecas I.

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