Pino Montesdeoca, modelo senior: «Es importante que existamos otras opciones»

En la semana de la moda de Madrid la juventud y belleza de las mujeres que lucen las creaciones de los diseñadores se dan por descontadas. Este año, en la presentación de las colecciones para el próximo otoño y como sucede cada vez, las modelos eran ninfas espigadas y gráciles de piel brillante y cara de niña bajo el maquillaje. Preciosas, perfectas. Sin embargo, cada vez que le tocaba salir a ella a desfilar la reacción de admiración entre el público y la prensa era unánime. Pino Montesdeoca es magnética. También muy guapa, pero con sus 58 años estupendos sobre la pasarela, con sus canas y su sonrisa, con esa forma de lucir la ropa -y la vida- con aplomo y elegancia, a la vez que con cierta ligereza y una poderosa vitalidad, resulta arrebatadora.

Lo suyo con la moda no fue amor a primera vista, ni mucho menos. Su historia en esta industria comenzó casi por casualidad, como suelen relatar de la suya las ‘top models’, pero en su caso sucedió ya en la madurez, pasado el medio siglo de vida. El éxito, sin embargo, fue inmediato. Desde que se lanzó hace cinco años, empujada por las circunstancias y deseosa de probar algo nuevo, y probarse a sí misma tras abandonar los viajes y su trabajo a raíz de una enfermedad, su carrera ha sido vertiginosa.

Nacida en Las Palmas, Pino Montesdeoca comenzó esta «segunda parte» haciendo campañas de publicidad y producciones editoriales, y poco después dio el salto a las pasarelas y de allí a lo último, aún por estrenar, que es la ficción.

¿Cómo fue ese comienzo inesperado como modelo?

Todo esto es nuevo para mí. Soy profesora y trabajé en una financiera suiza, con la que en 2003 me fui a los Balcanes y de ahí a Bahamas. Allí me puse muy enferma, tanto que me dieron la extremaunción. Tuve dengue hemorrágico por la picadura de un mosquito. Entonces, al recuperarme, al ver que no me moría, me vino la iluminación y me dije «¡yo ya no me pierdo nada!». Tenía, pues, que salir de la isla, así que volví a España y aquí me quedé en una especie de limbo laboral. Tampoco me importaba al principio, solo me preocupaba ver a mi gente, recuperar el tiempo, hacer un montón de cosas que no había podido hacer hasta entonces por trabajo. Hasta que me cansé y quise tener otra vez una rutina, sin saber cómo a los 53 años. Mi hija y su marido insistieron mucho hasta que él, que es fotógrafo (Coke Riera), me hizo una sesión de fotos, para la que me vistieron y un peluquero que adoramos me peinó. Me lo pasé pipa, las fotos las vio una agencia, me contrató y con ella sigo actualmente.

Y no has parado

Así es, desde que vieron aquella producción no he parado de trabajar. No me lo propuse, yo pensaba que era una locura, aunque no por la edad, curiosamente, sino porque no me veía yo, creía que era otro tipo de mujer, pero justo fue eso lo que hizo que marcara la diferencia. Empecé con publicidad, que me abrió las puertas. Yo jugaba a ser yo, no pretendía ser una modelo, y resulta que era eso lo que estaban pidiendo las marcas, los diseñadores. Luego llegaron las editoriales, la moda, incluso ahora estoy haciendo algún pinito en cine y series. Me miro y me río, no lo puedo creer.

Pino Montesdeoca fue descubierta por la moda a los 53 años

Coke Riera
Para quienes te vemos en una campaña o sobre la pasarela resulta impactante, e ilusionante, encontrar otro tipo de mujeres, no solo a las jóvenes y perfectas. La presión que hay con la imagen y con la edad es tremenda.

Escuchando hablar sobre estética a mis hijas, de 35 y 40 años, mujeres con educación y profesionales, me doy cuenta de la presión brutal que hay. Creo que hace falta que salgan mujeres y hombres distintos. Yo no digo que esté mal hacerse retoques y ponerse mona, es una opción fantástica, pero también existe mi opción, la de ir aceptando a diario que te salen arruguitas y colgajitos y de todo un poco y que no pasa nada, que mostremos lo que provoca el tiempo de manera natural y que no pasa nada. Es importante que existamos estas opciones.

¿Cómo es la experiencia de desfilar en la pasarela de Madrid?

Es la tercera vez que lo hago. He desfilado para Duyos, Pedro del Hierro, Ángel Schelesser y Otrura, entre otros. Lo que más me gusta es que me permiten ser yo misma. Normalmente las modelos no sonríen, pero cuando salí yo no podía parar de hacerlo. Y les gustó. Les gustó mi imagen de una mujer que puede estar en la calle y también sobre la pasarela.

Y tú cómo te sientes desfilando con esas modelos casi niñas. ¿Te afecta el paso del tiempo?

Son ideales y siempre tendrán su lugar asegurado. Yo, por mi parte, tengo muy claro que debo reconocerme. Creo que me he gustado siempre. Por supuesto que no es de mi agrado que me cambie la expresión porque se me cae un poco la piel o tener flacidez en las piernas, el seno o el cuello, pero son cosas que te afectan el primer día, a los tres días te acostumbras y vas aceptándolo. Como te digo, yo tengo mucho miedo de no reconocerme. Valoro estar viva y coleando, seguir cumpliendo años, me gusta saber que tengo dos piernas que funcionan, que no tengo dolores ni colesterol, me siento una privilegiada, entonces lo del cuerpo pasa a otro nivel.

¿Cómo te cuidas? ¿Te preocupa, por ejemplo, engordar?

Siempre ha comido cuando tenía hambre, y eso normalmente me ocurre una vez al día. Me han criticado mucho por esto y los médicos regañado sin parar, pero mis analíticas están bien. Si eso es cuidarse, lo he hecho sin saber. Y como me gusta andar un montón, pues camino con mis perros, normalmente por la mañana temprano un par de horas. Ese es mi tiempo de conversar íntimamente. Eso es lo más que pide el cuerpo. Pero soy una mujer activa, siempre lo he sido.

Pino Montesdeoca es una de las modelos españolas más demandadas

Silvia de la Fuente
Actualmente hay un movimiento a favor de las canas en las mujeres, especialmente entre influencers anglosajonas. Tú llevas el pelo así, ¿qué hay de reivindicativo en ello?

Cuando estaba en Bahamas, sobre mis 48 años, vi que no podía darme el tinte con la frecuencia de antes y dejé de hacerme mis mechas, casi sin darme cuenta, porque yo no creí que fueran a notarse tanto. Pero mi hermano me advirtió un día: «Pino, llevas toda la cabeza blanca». Al volver aquí vi que era un rollo recuperar el pelo una vez que lo tienes así y decidí dejarlo por ‘gandulitis’, no fue otra cosa.

¿Qué opinas del edadismo? ¿Crees que hay discriminación por edad y que ser joven está sobrevalorado?

Claro que la hay, en todos lados. Parece mentira que algo banal como la moda sea la precursora de un movimiento tan brutal que tiene que ver con que esté bien hacerse mayor. Esto tiene repercusiones muy interesantes en la sociedad, porque quizás un día a una mujer que presente su curriculum a los 50 no sienta que la edad es un factor definitivo, como sucede ahora.

Tú eres tremendamente elegante. Qué es la elegancia para ti?

No sé definirla, la sientes cuando la ves. Es una forma de moverse, de mirar, incluso de andar, que no tiene por qué ser bonita, pero sí emitir algo especial. La he visto aún en gente de África, en pueblos muy pobres. Quizás la elegancia sea dignidad.

¿Y la belleza?

Para mí tiene mucho que ver con la salud, la felicidad, con un estado. Puedes tener una nariz grande y ser muy bella. Si yo me ‘descuartizo’ la cara y veo por separado ojos, boca y nariz, pues no soy guapa, así que puede que sea es el gesto, un todo.

¿Cómo definirías tu estilo en moda, a la hora de vestirte?

No le voy a poner un nombre a mi estilo, pero si hay algo que no me gusta es sentirme disfrazada. Hay looks monísimos, pero yo me tengo que poder sentar o dar una carrerilla en el semáforo. Es mi forma de moverme la que me hace vestirme de una manera determinada, que podría decirse que es cómoda pero siempre elegante y un poco chic. Eso sí, no me gusta lo vulgar, como el ‘animal print’.