Más de cien policías heridos en el primero de mayo alemán

La violencia en las manifestaciones del primero de mayo en Berlín es un clásico, un ritual de pertenencia a la escena de la izquierda radical alemana, pero este año el saldo es de 93 policías heridos, varias docenas más magullados y 354 detenciones en actos masivos que se han prolongado durante todo el fin de semana. Unas 30.000 personas, según la policía, marcharon en diversas manifestaciones a partir de las cuales se desgajaron los grupos violentos, que actuaron en la noche del sábado y buena parte del domingo causando destrozos en automóviles, escaparates y mobiliario urbano. Los violentos arrojaron piedras y botellas contra los cordones policiales y los servicios de emergencia. Arrastraron contenedores de basura y ruedas de coches a la calzada de varias vías y les prendieron fuego, estableciendo así barricadas. Como era previsible, las marchas no respetaron el toque de queda de las 22:00 horas, vigente desde el fin de semana anterior. La policía usó gas pimienta para disolver estas concentraciones y comenzó a efectuar detenciones por graves quebrantamientos del orden público, agresiones y lesiones corporales peligrosas. Más de 7.600 agentes habían sido destinados al dispositivo de seguridad que, a todas, luces, resultó insuficiente.

«El coronavirus nos ha ocasionado ya muchas pérdidas y ahora esto», se queja esta mañana Thimes Herrscher, propietario de una tienda de comestibles del céntrico barrio de Mitte que esta mañana no puede abrir su establecimiento debido a los grandes destrozos ocasionados por los manifestantes. «Han quemado las persianas, han golpeado los cristales y ha desaparecido mobiliario», hace un improvisado balance de daños. El presidente del Sindicato de Policías Alemanes, Rainer Wendt, pide esta mañana una prohibición de este tipo de manifestaciones, en las que «la violación de la ley está preprogramada y se produce de forma permanente y miles de veces porque los participantes no llevan máscara y no mantienen la distancia mínima». Wendt considera que «hay que actuar de forma mucho más rigurosa en su contra» y reprocha que, si estaba claro de antemano que los participantes no cumplirían con los requisitos establecidos por la pandemia y que albergan núcleos violentos, la política y el poder judicial tendrían que asegurarse de que no se llevan a cabo. «Los funcionarios a menudo son escupidos, insultados y atacados en estas manifestaciones, cuando no agredidos físicamente con heridas severas, por lo que es completamente incomprensible por qué tales manifestaciones siguen siendo aprobadas», se ha quejado Wendt.

Esta año, según la policía, se han sumado a las protestas manifestantes habituales de las manifestaciones que periódicamente convoca el movimiento contrario a las restricciones contra la pandemia «Querdenken». Otra importante novedad es que, entre las reacciones políticas que se han ido produciendo figura una condena indiscutible del partido Los Verdes, ambiguas o inexistentes en años anteriores. Ante los graves disturbios, la candidata electoral de los Verdes Annalena Baerbock ha criticado duramente los ataques a los agentes de policía. «Encender barricadas y atacar violentamente a los agentes es un delito y de ninguna manera aceptable», ha dicho, «cualquiera que haga algo así está actuando contra el consenso democrático y debilitando la causa de las marchas pacíficas que también se realizaron el 1 de mayo».

Pérdida de confianza
El vicepresidente del grupo parlamentario de la CDU de Merkel, Thorsten Frei, ha advertido contra «el serio retroceso del Estado». «La policía debe actuar con toda coherencia contra esta violencia si no queremos sufrir una grave pérdida de confianza en la capacidad del Estado para afirmarse», ha declarado. El diputado del grupo parlamentario socialdemócrata (SPD) en el Bundestag, Dirk Wiese, ha pedido la «total severidad de la ley» contra aquellos que no cumplieron las condiciones durante las manifestaciones o se hicieron notar a través de la violencia y los disturbios. «No importa si son extrema izquierda o Querdenken, no deben quedar impunes».

El presidente-alcalde de Berlín, Michael Müller (SPD), también ha condenado la violencia de las manifestaciones «en los términos más enérgicos». «Los numerosos servicios de emergencia heridos son un historial amargo que me enoja». «Además», se ha quejado amargamente, «ya no es posible transmitir a los ciudadanos que, por un lado, son enviados a casa a las diez de la noche debido a los toques de queda nocturnos, mientras que al mismo tiempo en Berlín el primero de mayo se permitió a miles de personas manifestarse hasta altas horas de la noche».

«La violencia en las concentraciones es absolutamente inaceptable», ha abundado la jefa de la institución policial, Barbara Slowik, «la situación degeneró, pero afortunadamente pudo ser controlada en el transcurso de unas horas». También hubo manifestaciones en grandes ciudades alemanas como Hamburgo y Fráncfurt, donde la policía utilizó cañones de agua para dispersarlas, mientras que los participantes arrojaron y quemaron contenedores de basura. También fueron efectuadas detenciones en esas protestas, según la policía conectadas con las de Berlín.