Los proetarras, crecidos por las cesiones, redoblan sus exigencias

Tal y como se esperaba, la de Bilbao fue la manifestación más numerosa de las convocadas este sábado a favor de los presos de ETA por el colectivo Sare. Y aunque fueron miles las personas que desfilaron por las calles de la capital vizcaína al grito de «Euskal presoak etxera» (presos vascos a casa), la pandemia y los últimos movimientos políticos del tablero vasco redujeron el impacto de la convocatoria.

Los organizadores dejaron todo el protagonismo a 200 ciudadanos anónimos que abrieron la marcha portando flechas de varios colores, en alusión al camino que tienen que realizar las familias de los presos de ETA hasta las cárceles donde cumplen condena. Tras ellos una pancarta donde se podía leer un escueto «Bidean» (en el camino) portada únicamente por representantes del colectivo Sare.

EH Bildu, Podemos y todo el arco sindical vasco apoyaron durante toda la semana la movilización. Sin embargo, la representación política quedó reducida a viejos conocidos proetarras con escaso peso político hoy en día, como Tasio Erkizia –histórico miembro de la izquierda abertzale y condenado por colaboración con banda armada–, o Jone Gorizelaia, y a representantes del independentismo catalán como la ex presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell o el líder de Junts per Catalunya, Jordi Sànchez.

Los manifestantes recorrieron durante más de una hora la Gran Vía de Bilbao coreando consignas a favor de la amnistía y del acercamiento de presos de ETA. «Es un clamor popular», describió el portavoz de Sare, Joseba Azkarraga, durante el recorrido. «Miles de personas han salido a la calle para reivindicar el fin de la política de excepción y avanzar hacia la convivencia», añadió.

La manifestación terminó sin incidentes poco después de las seis de la tarde cuando la cabecera llegó al Ayuntamiento. Allí los organizadores leyeron un comunicado final en el que reiteraron su petición de que todos los presos etarras vayan a cárceles del País Vasco y Navarra. No obstante, reconocieron que tras los últimos acercamientos, ya no quedan presos de la banda más al sur de la Comunidad de Madrid.

Además de las críticas al Gobierno de la Nación, Azkarraga también quiso lanzar un mensaje al Ejecutivo vasco, que hace 100 días que recibió la transferencia de las competencias de prisiones. Los portavoces del colectivo Sare aseguraron estar «a la espera» de ver cómo se materializan las actuaciones para lograr una política penitenciaria «humanizada y respetuosa con la legalidad» anunciada por el Ejecutivo de Urkullu.

El PNV se dio de baja
Un mensaje que, al menos en las calles de Bilbao, no llegó a ningún miembro del Partido Nacionalista Vasco, simplemente porque no estaban presentes. El PNV había anunciado su respaldo a la movilización, y de hecho, ayer por la mañana Irune Berasaluze y Jon Andoni Atutxa, parlamentarios del nacionalistas, acudieron a la mesa redonda de víctimas con la que el colectivo abrió la jornada. Incluso, en declaraciones, Berasaluze se mostró partidaria de derogar «la política penitenciaria de excepción que se aplica a los presos de ETA».

Sin embargo, a última hora de la mañana desde Sabin Etxea, la sede jeltzale, decidían dar un giro de guión y anunciaban que no participarían en más movilizaciones organizadas a favor de los presos de ETA. Los nacionalistas buscaron, con esta decisión, desvincularse de Sare y del revuelo judicial, político y social que han creado sus últimas convocatorias. La última fue la marcha de fin de año en Mondragón con intención de pedir la excarcelación de Henri Parot. «Han metido la pata», dijo entonces el presidente del PNV, Andoni Ortuzar.

Tampoco hizo acto de presencia en Bilbao otra de las caras habituales de estas movilizaciones: Arnaldo Otegi. La única presencia del líder de EH Bildu en la jornada de ayer fue una comparecencia en Baracaldo al término de la asamblea general de la formación abertzale. Y en su comparecencia tampoco aludió al acercamiento de presos. El líder de la coalición independentista optó casi a la misma hora en la que el PNV anunciaba su desvinculación de los actos, por lanzar un mensaje desafiante y presentarse como alternativa política. «Estamos preparados para gobernar y queremos decidir todo aquí», aseguró Otegi en un nuevo capítulo de la hoja de ruta de la coalición para mostrarse como un partido útil. «Llevamos mucho tiempo resistiendo pero ahora estamos construyendo la república vasca», advirtió. La manifestación de Bilbao constituyó el acto final de una jornada que arrancaba a primera hora de la mañana con un coloquio que sirvió a los proetarras para poner en un mismo nivel a las víctimas de «todas las violencias».

Igualar a las víctimas

Tres víctimas de la banda terrorista vasca, una de los GAL y otra de las llamadas «violencias policiales» se sentaron sobre un mismo escenario para pedir el fin de la «utilización política» de la violencia.

Robert Manrique, superviviente del atentado de Hipercor, reconoció no compartir «la línea oficial» de las víctimas de ETA. «La mayoría de políticos se arrogan un mérito, pero no es justo, el mérito es de la sociedad», añadió. También se mostró de acuerdo Rosa Lluch, hija del exministro socialista Enest Lluch, que reconoció sentirse abandonada en muchos momentos. «Muchos dicen hablar en nuestro nombre pero nadie nos pregunta qué sentimos y qué necesitamos», lamentó antes de pedir a políticos e instituciones que vuelvan a «preguntar» a las víctimas. Un mensaje que también lanzaron Maite García, víctima del GAL, e Idoia Zabalza, hermana de Mikel Zabalza, cuyo fallecimiento mientras estaba detenido en el cuartel de la Guardia Civil en Intxaurrondo nunca terminó de esclarecerse.