Los nómadas digitales se refugian en Madeira

Nada más cruzar el umbral y estrenar el año de 1950, un pasajero especialmente ilustre descendió del ferry ‘The Durban Castle’ en el muelle de Funchal. La capital de Madeira era el destino provisional de sir Winston Churchill y se quedó tan impresionado por los paisajes de la isla portuguesa que aquel viaje le marcó de por vida. No iba solo, no. Lo acompañaban Clementina, su esposa, y su hija Diana.

Faltaban solo tres años para que recibiera el Nobel de Literatura y hoy un rincón con su nombre recuerda su estela. Es el principal mirador de Câmara de Lobos, un precioso pueblecito pesquero a solo diez kilómetros de esa Funchal invadida por el hinojo (que eso significa ‘funcho’).

Allí se sentaba… Ver Más