La inteligencia alemana vigila al partido AfD

El partido antieuropeo y antiextranjeros Alternativa para Alemania (AfD) ya estaba bajo vigilancia en algunos de los Bundesländer alemanes, como Brandemburgo, Turingia, Sajonia-Anhalt y Sajonia, regiones en las que predomina el ala más radical del partido, que abiertamente coquetea con el neonazismo o que mantiene posiciones anticonstitucionales o en la frontera con la ilegalidad por no reconocer los derechos y libertades de algunos grupos minoritarios de población, fundamentalmente de procedencia extranjera. Pero los servicios de inteligencia interior alemanes, la Oficina para la Protección de la Constitución (BfV), da ahora un paso más y define a todo el partido AfD como objetivo de vigilancia. Dado que estamos ya en año electoral, de cara a las elecciones generales que se celebrarán en septiembre, la carga política de esta medida se multiplica. Por eso la BfV se ha comprometido ante el Tribunal Administrativo de Colonia, donde hay una demanda en curso, a renunciar al menos por el momento al seguimiento y monitorización de diputados del Parlamento federal y de los parlamentos regionales. También excluirá por ahora de su vigilancia los candidatos electorales.

El pasado verano, la justicia alemana anuló la decisión del partido de expulsar al líder de su ala más radical, Andreas Kalbitz, una figura controvertida por su extremismo y gran captador de voto neonazi. La Audiencia de Berlín dictaminó que Kalbitz puede mantener su militancia en el partido, lo que supone un revés para su presidente, el moderado Jörg Meuthen, impulsor de su expulsión y que pretendía con ella estandarizar el partido antes de arrancar la carrera electoral. La cámara consideró que, tal como había argumentado Kalbitz, éste no había tratado de ocultar sus pasados vínculos con las llamadas «Juventudes Leales a la Patria Alemana» (HDJ) de tipo neonazi, según consta en su petición de ingreso en el partido de 2013, por lo que la formación política no tiene derecho a sacarlo de sus filas y una expulsión sería injustificable por ese motivo.

La dirección de la AfD intentaba precisamente deshacerse de militantes a miembros de organizaciones como esa, que están bajo observación de los servicios secretos de Interior, por temor de que esa vigilancia se extendiese a toda la formación. A propuesta de Meuthen, a mediados de mayo la cúpula había suspendido de militancia a Kalbitz, líder del partido en Brandeburgo. Otra de las más destacadas figuras de AfD, Alexander Gauland, tomó entonces partido por el ala más radical y acusó a Meuthen de provocar con su iniciativa «tendencias reales de descomposición» del partido.

Según Der Spiegel, el semanario alemán que ha adelantado en su página web la ampliación del objetivo de vigilancia, el partido fue catalogado a finales de la semana pasada en su totalidad como «caso sospechoso» por extremismo, aunque en declaraciones al semanario, una portavoz de la BfV no quiso confirmar este punto «en vista del proceso en curso y por respeto al tribunal». «Un informe interior de alrededor de mil páginas, que incluye varias pruebas de supuestas violaciones contra el orden liberal democrático recopiladas por juristas y expertos desde comienzos de 2019, constituye la base para la vigilancia de AfD en su conjunto», señala la publicación. Entre los documentos recopilados figurarían varios centenares de discursos y declaraciones de representantes de este partido en todos sus niveles.

Una razón de peso para su catalogación como «caso de sospecha» por extremismo es la corriente más radical dentro del partido, ‘Der Flügel’ (El Ala), a la que la propia dirección conminó el año pasado a disolverse. A ello se suman vínculos con organizaciones de extrema derecha como el ‘Movimiento Identitario’, la publicación ‘Compact’ y el laboratorio de ideas de reciente creación ‘Instituto para políticas de Estado’. «Las posiciones de Der Flügel no son compatibles con la Ley fundamental», justificó entonces el presidente de la BfV, Thomas Haldenwang, que fundamentó la decisión en la creciente relevancia de los líderes más extremistas de la organización, en la extensión de las redes que tejen con otros grupos ultraderechistas y en el uso de un discurso etnicista, islamófobo y antisemita contrario a los valores constitucionales, que intentan propagar entre la población.

La inclusión de de AfD al completo en la lista de grupos bajo vigilancia envía un mensaje de alerta a los votantes más moderados del partido protesta de ultraderecha en un momento en que las perspectivas de esta formación para las elecciones de otoño no son muy esperanzadoras, que ha bajado en intenciones de voto a solo un 8%, desde el 12,6% de los votos que obtuvo en las legislativas de 2017.