La dueña de un chalé se ve obligada a pagar a los okupas para que abandonen su vivienda

Carmen ha podido volver a entrar a su chalé familiar de la Font d’Almaguer de Alfarp casi un mes después de que lo ocuparan varios individuos ante sus propios ojos, según informa ‘Las Provincias’.

Sin embargo, tras el desalojo, esta mujer se ha quedado con una sensación agridulce. Por una parte se pone fin a una pesadilla que ha supuesto a toda la familia mucho sufrimiento. Pero por otra, la liberación de la vivienda ha tenido que ser a cambio de contratar una empresa especializada y llegar a un acuerdo económico con los okupas.

Y es que lo que más le duele a Carmen es comprobar el desamparo que tienen las víctimas de las ocupaciones. «No sabes dónde acudir para que te ayuden y ves que la justicia no existe en estos casos», ha lamentado este vecina de Benifaió.

Ante la falta de soluciones legales por parte de las administraciones y de mecanismos para actuar por parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, esta familia, al igual que muchas otras, ha tenido que optar por contratar a empresas especializadas en estas situaciones para acabar cuanto antes con los okupas. Una solución costosa a la que tienen que hacer frente las propias víctimas.

Los okupas conocen bien cómo funciona el sistema y la lentitud de la justicia y se aprovechan para sacar aún más beneficio. No sólo viven gratis durante temporadas en casas ajenas si no que cuando los presionan, algunos solicitan el abono de dinero para marcharse aprovechándose así de la desesperación de los propietarios. En la mañana de ayer, tras comprobar la empresa de mediación que los moradores habían dejado la vivienda, Carmen acudió con temor al chalé de Alfarp ya que no sabía que se iba a encontrar. «Lo han convertido en un basurero. Hay trastos y deshechos por todas partes», comentaba esta vecina de la Ribera mientras paseaba por la casa.

Basura y animales
Los okupas no sólo dejaron basura en el interior también dos perros que tendrán que ser recogidos por una protectora.

Todas las puertas de acceso rotas, algunas ventanas, vallas destrozadas, ni rastro de la instalación de la alarma o la falta de diferentes muebles es el inventario de los principales desperfectos. A todo esto habrá que sumar la exhaustiva limpieza para dejar en orden esta vivienda que construyeron los abuelos de Carmen hace más de 50 años.

Ahora se plantean cómo evitar que esta situación se vuelva a repetir ya que en diciembre ni la alarma ni la presencia de agentes de la Guardia Civil fue suficiente para evitar la ocupación.