La candidatura electoral de la CDU sigue atascada

A la vuelta del verano, el 26 de septiembre, Alemania celebrará elecciones generales. Y el partido de Angela Merkel, la CDU, sigue sin dirimir quién será su candidato. La canciller alemana, que cumplirá por esas fechas la friolera de 16 años en el cargo, fracasó en su intento de organizar una sucesión pacífica. Chocó con las ambiciones de las familias conservadoras alemanas, más interesadas incluso que ella en dejar todo atado y bien atado a favor de los suyos y que no dudaron en expulsar de la directiva a la designada por Merkel, la todavía ministra de Defensa Annegret Kramp-Karrenbauer.

A lo más que ha llegado el partido desde entonces es a la elección de un presidente al que nadie quiere como candidato, Armin Laschet, al frente del gobierno regional de Renania Norte-Westfalia. Solo el 19% de los alemanes considera a Laschet un «buen candidato», mientras que el 54% opina que un «buen candidato» sería el presidente de Baviera, Markus Söder. Si se limita la pregunta a los militantes, Laschet sube hasta un 29%, pero Söder hasta un 79%. Esta es la situación en la que este fin de semana se reunirá la directiva del partido, con la intención de ir tomando decisiones.

Varios nombres
Los rumores en torno a esta reunión compiten con el adictivo argumento de cualquier serie. El lunes, en los pasillos de la Casa Konrad Adenauer de Berlín se comentaba todavía la conveniencia de seguir aplazando la designación hasta que la batalla contra el virus permitiese hablar más claramente de victoria. El martes, los mentideros conservadores volvieron sus ojos hacia la figura de Tobias Hans, presidente regional del Sarre, donde a fecha de hoy se vive una normalidad bastante normalizada, mientras el resto de Alemania sufre un férreo confinamiento. Con sus 43 años, militante desde 1994 e hijo de otro destacado miembro del partido, ofrecía un perfil exitoso y de consenso.

El miércoles, se filtró que Laschet había pedido una conversación telefónica previa con Söder, presuntamente para llegar a algún tipo de acuerdo, y que el bávaro había respondido que todo lo que hubiese que hablar, bien se puede hablar el domingo. El jueves, destacó la jugada de uno de los candidatos de segundo plano, el ministro de Sanidad, Jens Pahn, que no dudó en hacer un desplante a los socios europeos para negociar unilateralmente la compra de la vacuna rusa, con tal de desatascar a tiempo la cachazuda campaña de vacunación y lograr visivilidad. Y el último y más sorpresivo movimiento de ficha de Söder ha sido apelar a la autoridad de Merkel, pidiendo que se implique en la designación de candidato, cuando ella se había desentendido ya felizmente de todo lo relacionado con el partido.

Enemigos
Que Söder juegue la carta Merkel sorprende, sobre todo, porque en la crisis de los refugiados y durante dos largos años, fue el más despiadado enemigo de la canciller, le hizo la vida política todo lo imposible que pudo y protagonizó escenas inéditas de desprecio público. En octubre de 2016, la CSU bávara rompió por primera vez una tradición vigente desde la Segunda Guerra Mundial y no invitó a Merkel a su congreso en Múnich.

Toda esta expectación, sin embargo, podría quedar en nada. Fuentes de la CSU adelantan que «no habrá fumata blanca» el domingo. Porque, si bien Söder barre en las encuestas, sería Laschet el que se obtendría la designación si los que votan son los órganos directivos del partido. «Lo más probable es que la lucha por la candidatura pase ahora de la trastienda a la esfera pública», auguran las mismas fuentes. Varios diputados de la CDU se han pronunciado públicamente a favor de la candidatura de Söder y crecen las voces que piden que sea el grupo parlamentario el que decida, no la ejecutiva.

Los diputados de la CSU, en cambio, piden que voten las bases, una consulta en la que Laschet no solamente perdería la elección sino que además vería gravemente dañado su liderazgo al frente de la estructura del partido. Laschet no lucha tanto por la candidatura, por tanto, como por su propia supervivencia. El jefe de los diputados de la CSU en el Bundestag, Alexander Dobrindt, ha señalado que «el candidato a canciller no puede ser decidido en la trastienda ni en la mesa del desayuno».

Distintos argumentos
A todo esto, ninguno de los dos contrincantes ha expresado todavía oficialmente su deseo de ser candidato electoral. Los malos resultados en las recientes elecciones regionales de Renania-Palatinado y Baden-Württemberg no hacen propicio el momento. Además, está el escándalo de los diputados que han cobrado comisiones por promover la compra pública de determinadas partidas de material sanitario, con el que ninguno de ellos desea asociar su imagen.

Söder, con mano de hierro en lo que se refiere a las restricciones en Baviera, desea que el candidato sea designado de acuerdo a los éxitos de su gestión. Laschet, con un historial pandémico menos vistoso, pide sin embargo que el criterio recaiga en el grado de identificación del candidato con el programa del partido.

Todo lo que Söder ha dicho al respecto, en una entrevista, es que la CDU/CSU debe ser un partido «sólido y sexy». Laschet se escuda en que, al fin y al cabo, Söder ni siquiera pertenece a la CDU y, a pesar de su mayor tirón electoral, sería la primera vez en la historia de la República Federal que los alemanes eligiesen a un bávaro para liderar el gobierno.