Juicio al abuelo materno por los malos tratos al pequeño D: «Jamás pegué a mi nieto, jamás»

Valentín, el abuelo materno de su nieto D, negó este miércoles que maltratara al menor de 2 años cuando lo tuvo acogido en su casa de Lagartera (Toledo) unos ochos meses, entre el segundo semestre de 2013 y mayo de 2014. «Jamás agredí al niño -declaró-; ni a éste ni a ninguno de mis nietos, jamás. Nadie le pegaba».

Así se defendió de las graves acusaciones de la Fiscalía de Toledo: malos tratos psicológicos, repetidos golpes en la cabeza, desnutrición radical y una absoluta falta de higiene, que le provocó sarna. «Me lo traje de Madrid más bien por pena», afirmó el abuelo de D, quien llegó a tener «orejas de boxeador» por los golpes que le propinaron, presuntamente, en el domicilio de Lagartera.

También Shoir, la pareja de Valentín y madre de sus cuatro hijos en común, desmintió que ella sacudiera al pequeño, que llegó a la casa en Lagartera de la mano de su madre, hija de Valentín y fruto de otra relación. «Nunca hemos tenido ningún problema por maltrato», manifestó Shoir, procesada también por la Fiscalía de Toledo.

«Cuando llegó, el niño estaba flojo, delgado, no hacía ni caso», contó el abuelo al tribunal, «y mi mujer lo llevaba al médico y lo aseaba». «Mejoró estando con nosotros», aseguró Valentín a preguntas de su abogado. «A mí me llamaba papá y a mi mujer, mamá», añadió el abuelo, quien contó también que su hija y madre de D se lo llevaba periódicamente a Madrid y lo devolvía pasados unos días.

El testimonio de una facultativa del pueblo
Margarita, médico en Lagartera que atendía a D, dijo al tribunal que el niño llegó de Madrid con «muchas carencias» y retraso en el crecimiento y en el peso que le correspondía para su edad. «Con ellos, mejoró, estuvo más espabilado. Cuando venía a la consulta, al pequeño se le veía contento», testificó la facultativa. El presidente del tribunal, Emilio Bucete, le preguntó cuántas veces vio a D. «Entre cinco y seis veces», respondió Margarita, quien dijo que no detectó golpes en el cuerpo del crío.

Sin embargo, D ingresó más tarde en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde fue intervenido de los pabellones auditivos. «Su madre se ausentó varias veces y dejó solo al niño», aseveró Rosa, una trabajadora social. «La última vez que ocurrió, la madre no acudió durante una noche y un amigo suyo fue a por un justificante porque nos contó que la madre había sido detenido por la policía al estar en busca y captura», relató la perito, quien desveló una conversación que podría ser relevante: «La madre biológica [de D] contó que vivía con un señor que le dejaba una habitación para vivir».

Esther fue la persona que elaboró el informe final, después de las valoraciones de varios profesionales, sobre el estado de D y quien denunció los presuntos malos tratos ante la Fiscalía. «El pequeño estuvo en el departamento de Psiquiatría del hospital Niño Jesús», reveló antes de que intervinieran María Paula y Ernesto, los padres de acogida urgente que convivieron luego en su casa con D durante varios meses, hasta que el crío fue dado en adopción.

«Por la noche gritaba que ‘no’»
«El niño estaba muy mal -confirmó Ernesto-; desnutrido, intervenido quirúrgicamente de sus oídos, tuvo sarna, bajo de peso y de estatura; que se comunicaba al principio con dos o tres palabras y la más frecuente era ‘no’». «Trataba de comerse lo que encontraba: fideos crudos, polvos… Tuvimos que decirle que en nuestra casa no le iba a faltar comida», contó al tribunal. «Por la noche tenía pesadillas cuando dormía, gritaba que «no», lloraba y no recuerdo bien si decía ‘suéltame’ o ‘déjame salir’», continuó. «Cuando nos acercábamos a él al principio, el niño se protegía, sobre todo conmigo», relató Ernesto, quien desveló que el pequeño repetía «abuelo, malo», pero no decía su nombre. «De la mamá no hablaba con frecuencia. Dos o tres veces habló con cierto cariño de su madre, pero no sé si de su madre biológica», apuntó María Paula, la madre de acogida, quien corroboró que D no decía ningún nombre cuando afirmaba «abuelo, malo».

Las dos médicos que atendieron en el hospital Gregorio Marañón al pequeño confirmaron en la sala que D sufría lo que se conoce como «oreja de boxeador», producto de golpes en el pabellón auditivo, pero la sesión tuvo que ser suspendida hasta el próximo martes. Problemas técnicos con la videconferencia fueron la causa que interrumpió el juicio que deberá dilucidar si Valentín y Shoir maltrataron al pequeño D, o pudieron ser terceras personas.