Homicidio en Chapela: El acusado del crimen cubrió con un chaleco la cara de la víctima «por arrepentimiento»

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Todo en el escenario del crimen que los agentes de la Policía Nacional se encontraron al llegar a la vivienda de Chapela donde un hombre fue encontrado muerto el pasado 30 de enero apuntaba a que quien lo había matado, lo conocía. La puerta no estaba forzada, ni la verja de entrada ni tampoco ninguna de las ventanas, el perro no había ladrado y a la víctima le habían cubierto la cabeza con un chaleco. «Una señal de arrepentimiento» que los investigadores no pasaron por alto. Así lo constató este miércoles en rueda de prensa el comisario jefe de Vigo-Redondela, Carlos Varcárcel, tras la detención del acusado por la muerte de este hombre de 53 años que apareció maniatado en su domicilio, cerca de la playa de Arealonga.

El hallazgo del cadáver, que alguien vio tendido en el salón desde la calle, se produjo tres días después de una cita para venderle droga al detenido, que vivía a solo un kilómetro. Según las pesquisas de la Policía Nacional afloraron, la víctima trapicheaba con sustancias estupefacientes que entregaba en su vivienda previa llamada telefónica. Ese fue el hilo que los condujo hasta el único acusado, que una vez detenido confesó que «se le había ido de las manos». El desencadenante del crimen fue, en palabras del supuesto homicida, un falta de confianza sobre la calidad de la droga que el fallecido le suministraba y que él pensaba que era «de segunda». «Fue hasta su casa porque creía que le estaba engañando, e intentó un ‘paleo’» indicó el comisario Valcárcel aludiendo a lo que en la jerga policial implica el robo de mercancía y dinero por parte de un cliente a su vendedor.

«No tenía intención de matarlo, sino de robarle la droga y el dinero que pudiera haber en el domicilio. Quería pedirle explicaciones, convencido de que la droga que le vendía estaba muy adulterada y que, sin embargo, a otros clientes que él conocía les suministraba estupefacientes de más calidad» ahondó el comisario acerca de la relación que uno y otro mantenían y que los agentes descubrieron tras analizar las últimas llamadas recibidas en el móvil de la víctima y detectar que el acusado fue la última persona en hablar con él, poco antes de su homicidio.

Sobre cómo se desencadenaron los hechos, tanto la versión del detenido como el informe forense refieren que el autor confeso del crimen se abalanzó por detrás sobre la víctima, a quien conocía por ser la persona que le suministraba droga regularmente, y le tapó la boca y la nariz, por lo que el hombre acabó falleciendo por sofocación. Posteriormente, lo dejó tumbado en el suelo de la habitación y le ató con cinta las manos y los pies, además de usar la misma cinta para taparle la boca, antes de abandonar la vivienda y de cerrar la puerta con las llaves del fallecido, que después hizo desaparecer. En el registro de su vivienda, una vez lo arrestaron, los agentes encontraron la misma cinta con la que el hombre fue maniatado.

Para descubrir lo que había ocurrido y dar con el culpable, los agentes de la Policía Nacional tuvieron que desplegar un complejo operativo que pasó por contactar con clientes del mundo del trapicheo en el que la víctima se movía y sonsacarles información sobre cuál era su modus operandi. Ganándose su confianza, pese a las reticencias iniciales, descubrieron que la víctima tomaba «muchas precauciones» en las transacciones de la droga y una de las medidas que imponía a sus compradores era que llamasen antes de acudir a su domicilio, lo que puso el foco sobre el listado de llamadas entrantes que finalmente los dirigió al arrestado. Acerca de este trabajo de campo, el comisario anotó durante su comparecencia que la Policía tuvo que contactar con los clientes, que en una primera reunión rechazaron colaborar por si podrían meterse en algún problema por haber adquirido los estupefacientes.

Várcarcel estuvo acompañado por la comisaria provincial, Estíbaliz Palma, y por responsables de varios departamentos policiales (Homicidios, Policía Científica y Policía Judicial), que también intervinieron en el operativo. Sobre el perfil del acusado, de 42 años, los responsables de las pesquisas manifestaron que en su historial figuran antecedentes policiales por violencia de género, amenazas, robo en interior de vehículo y tráfico de drogas, lo que también los puso sobre la pista. Coincidiendo con la rueda de prensa para informar de la detención, el juzgado de instrucción número de 2 de Redondela decretó el ingreso en prisión del acusado, ahora investigado por un delito de homicidio consumado.