Hariri renuncia a formar Gobierno en Líbano y profundiza la crisis politica y económica

El primer ministro designado en el Líbano, Saad Hariri, anunció que renuncia a formar un nuevo gobierno casi nueve meses después de su nombramiento, en tanto el país está sumido en la peor crisis socioeconómica de su historia. Hariri fue nombrado primer ministro en octubre de 2020, pero no pudo formar un gabinete para lanzar reformas fundamentales que permitiesen desbloquear la ayuda internacional.

La decisión llegó tras una reunión de Hariri, primer ministro del Líbano en tres ocasiones, y el presidente Michel Aoun, que le reclamó cambios en la lista del gobierno que él no quiso hacer. «Yo le propuse más tiempo para reflexionar y él me dijo: ‘No nos podremos poner de acuerdo’. Es por ello que me excusé de formar gobierno», justificó Hariri.

El presidente respondió en un comunicado que el primer ministro «no estaba dispuesto a discutir ningún cambio». Aoun debe ahora iniciar consultas para escoger un nuevo jefe de gobierno. Después, los partidos iniciarán sus tradicionales negociaciones, a menudo interminables, para formar un gobierno en este país multiconfesional en el este del Mediterráneo.

Críticas
El fracaso despertó críticas de Estados Undios, Naciones Unidas y Francia, que presiona a los dirigentes libaneses ante el hundimiento del país. Estados Unidos consideró «depcionante» la decisión de Hariri y urgió a los líderes libaneses a dejar de lado su diferencias políticas.

El abandono de Hariri «es una nueva decepción para el pueblo libanés», afirmó el jueves en un comunicado el secretario de Estado Antony Blinken, quien consideró «esencial que un gobierno comprometido y capaz de llevar adelante reformas prioritarias sea formado».

Es «un episodio dramático más de la incapacidad de los responsables libaneses de encontrar una salida a la crisis», dijo en la ONU el ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian.

Líbano lleva sin un gobierno plenamente operativo desde la dimisión del gabinete actualmente en funciones tras la devastadora explosión en el puerto de Beirut en agosto de 2020, que dejó más de 200 fallecidos y miles de heridos. La parálisis política coincide con la peor crisis económica del país, con una depreciación histórica de su moneda, una inflación disparada, despidos masivos y agravación de la pobreza. Más de la mitad de la población vive actualmente bajo la línea de pobreza y el país, corto de divisas, se enfrenta a escasez de medicamentos, carburante, electricidad, entre otros.

Según el Banco Mundial, puede convertirse en una de las peores crisis financieras del mundo desde 1850.