Francisco César García Magán entra en la diócesis como obispo auxiliar de Toledo

La catedral de Toledo, primada de España, ha vivido este sábado uno de esos actos en los que se su grandeza se eleva aún más con motivo de la ordenación de Francisco César García Magán como nuevo obispo auxiliar de Toledo.

Todo el boato y solemnidad de este tipo de acontecimientos religiosos se vivió en todo su esplendor, con la presencia en la larga ceremonia de dos horas y media, presidida por el arzobispo toledano, Francisco Cerro, de cinco cardenales, siete arzobispos, 18 obispos y decenas de sacerdotes, además de numerosas autoridades locales y regionales, encabezadas por el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y la alcadesa, Milagros Tolón, así como por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares Bueno.

Durante la homilía que presidió, el arzobispo de Toledo, Francisco cerro Chaves, repasó las claves de este acto ministerial, a imagen de las preguntas que Jesús realizó a Pedro, y ha recordado al nuevo obispo auxiliar que la Archidiócesis «no merece la pena, merece la vida».

En las palabras finales que ha dirigido a los presentes a la santa misa de su ordenación episcopal, el nuevo obispo auxiliar ha mostrado su «profundo agradecimiento» tanto a Jesucristo, que le ha llamado al ministerio como «una nueva vocación dentro de la llamada que ya me había hecho el sacerdocio» para «predicar la buena noticia de su mensaje».

«Soy consciente de que lo único que puedo aportar son apenas cinco panes, pero tengo la certeza de que el Señor podrá hacer con ellos un nuevo milagro de multiplicación», ha referido, asegurando que su nueva vocación es «servicio pastoral, entrega ministerial, para conduciros al maestro».

En sus extensos agradecimientos ha recordado las enseñanzas desde que hace 40 años era un joven seminarista de quien hoy es el arzobispo primado, Francisco Cerro. «Tienes mis manos para ponerlas junto a las tuyas para seguir roturando este campo del Señor, mi espalda par ayudarte a llevar el peso de las cruces que el Señor envía». «Cuenta conmigo para todo y en todo momento», ha expresado.

Igualmente, ha agradecido la presencia del nuncio apostólico en España, Bernardito Cleopas Auza, a quien le ha pedido que transmita al Papa Francisco su «más profunda comunión» y su «obediencia leal»; la del arzobispo emérito de Toledo, Braulio Rodríguez, por «su confianza», y la del que fuera arzobispo toledano y actual arzobispo de Valencia, el cardenal Antonio Cañizares, por «su acogida».

El nuevo obispo auxiliar ha recordado a su familia más íntima -su hermana, cuñado y sobrino-; a los sacerdotes y vicarios, a las religiosas consagradas y a los laicos, a quienes se ha ofrecido «sin ninguna reserva». A las autoridades civiles y militares les ha instado a, desde el respeto y la autonomía de cada ámbito, promover relaciones de colaboración; y a los enfermos, ancianos, los que pasan necesidad material o espiritual, los que están solos o marginados, les ha ofrecido un «lugar especial» en su corazón de pastor.

Para los representantes de las diferentes instituciones tuvo «un saludo lleno de respeto y cercanía a todas las autoridades civiles y militares nacionales, autonómicas, provinciales y locales. Vuestra presencia en esta celebración es signo de la normalidaddemocrática de unas relaciones de cooperación que todos hemos de promover, desde el respeto y la autonomía de cada ámbito, en aras del bien común y del servicio que todos deseamos ofrecer a loshombres y mujeres de nuestra sociedad».

Desde el punto de vista del actual contexto social, el nuevo obispo auxiliar de Toledo ha señalado que «me han nombrado obispo, como a otros hermanos que estáis aquí, en mediode esta pandemia causada por el Covid que sacude a toda la humanidad, como un signo de globalización, en este caso negativo. ¿Qué debemos responder como obispos? Creo humildemente que nuestra misión debe ser anunciar esperanza a todos los hombres y mujeres, proclamar el sentido pleno de sus existencias, intentar iluminarlos misterios de la enfermedad y de la muerte, y para todo ello contamos con el mensaje que hemos recibido por sucesión apostólica; nosotros somos testigos del Resucitado y desde su luz hemos de alumbrar todas las noches y los sinsentidos de la vida de los hombres y mujeres».

Y ha añadido que «en cuanto al contexto eclesial, empiezo miservicio episcopal en un momento de preparación sinodal en el conjunto de la Iglesia Universal y, a medio plazo, también en nuestra archidiócesis. Esto significa que todos hemos de tomar conciencia de la naturaleza comunional de la Iglesia, lo cual no es ni un asamblearismo ni un mero sociologismo, sino que se trata de potenciar y vivir la realidad poliédrica de la Iglesia en la diversidad de sus ministerios, servicios y vocaciones, como diversas son las formas y colores de las vidrieras de nuestra catedral. La catolicidad no es uniformidad sino variedad en comunión y en fraternidad cristiana».