Enamorarse

Lo más difícil es escribir sobre el amor. Muchos grandes escritores huyen de contar escenas de sexo. Confiesan que les da miedo porque lo relacionan con la literatura barata. No estoy de acuerdo, el sexo se puede describir de muchas formas; desde el sentimiento, desde la fisonomía o directamente desde la pornografía. El amor es mucho más delicado y peligroso. Cuando escribes sobre el amor es fácil caer en esa literatura ligera que tanto miedo les da.

Cuesta porque mientras lo haces te tienes que abrir en canal. Da igual que sea ficción o un texto personal. Debes contar una verdad, si no, la impostura florece entre las palabras para delatarte. Eres siempre lo que cuentas, lo que escribes, lo que relatas. Saber amar no es fácil y es justo ahí donde encuentras tu reflejo.

El amor es muy distinto al enamoramiento. Cuando te enamoras, mitificas a esa persona, la despojas de todos sus defectos hasta convertirla en una suerte de demiurgo, en alguien irreal. Yo me enamoro de mucha gente; de mis amigas, de mis amigos, de mis hijos… Estoy tan enamorada de las personas a las que quiero que me cuesta horrores encontrarles alguna imperfección.

Se supone que la diferencia entre el verdadero amor y el enamoramiento es que este último es un sentimiento epidérmico. Ortega y Gasset los distinguía así, el primero es profundo y místico (el amor) y el otro, más superficial, al que definía como un «estado de miseria mental, de imbecilidad transitoria» (el enamoramiento).

El filósofo madrileño refutó de esa forma a Stendhal y su Teoría de la cristalización, que sostenía que el amor es un mero proceso alucinatorio por el cual idealizamos a la persona amada y proyectamos sobre ella perfecciones imposibles. Para Ortega y Gasset, Stendhal no tenía ni idea de lo que es realmente amar.

Para Ortega y Gasset, el amor es incompatible con la impostura («según se es, así se ama») y ese sentimiento no varía aunque el otro esté lejos («ni a cien leguas»): «Puede menguar hasta convertirse en un hilo muy fino que os une y que en el reencuentro vuelve a su tamaño original».

Yo la teoría me la sé, aunque también reconozco, como digo, que en mis amores profundos también hay enamoramiento, esa idealización, esa mitificación. Nunca necesité aprender a amar, como sostiene Erich Fromm. Para el alemán, el amor es un arte como otro cualquiera y hay que aprenderlo. Amar es muy difícil, tan complicado como tocar el violín.

En ese aprendizaje, dice, lo más importante es cómo amas. Da igual cómo te amen, eres cómo amas. Y en ese lugar es fundamental amarte a ti mismo. No puedes amar a los demás si no te amas primero. Por eso el egoísmo es incompatible con el amor, porque los egoístas ni aman ni se aman; se mueven desde el odio.

Yo no sé tocar el violín, pero me amo con todas las consecuencias. Amo, me aman y vivo permanentemente enamorada. Cristalizada entera. No sé sentir de otra manera.