El Gobierno legitima a Bildu señalándole como socio estratégico y tensiona al PNV

El Gobierno se sacudió ayer cualquier atisbo de pudor al situar a Bildu como socio estratégico sobre el que cimentar la «estabilidad de la legislatura». Fue el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, el que le hizo el trabajo más difícil a Pedro Sánchez al reunirse, en sede ministerial, con los portavoces de la antigua Batasuna. Los herederos del brazo político de ETA entrando en la gobernabilidad del Estado.

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No estuvo Arnaldo Otegui, sobre el que aún pesan ciertas prevenciones. Aunque dejó la cuenta hecha la víspera: está dispuesto a apoyar los Presupuestos a cambio de «políticas progresistas», concesiones «territoriales» y beneficios para los presos de ETA. Iglesias, que antes recibió a ERC, constató la «buena sintonía» y «buena disposición» con estos partidos separatistas para ahormar una mayoría parlamentaria, que excede a la cuestión puramente presupuestaria, según deslizaron desde Vicepresidencia.

Iglesias le marca así a Sánchez su preferencia, frente a la opción de suma con Ciudadanos. Y de paso legitima a Bildu para futuras ecuaciones. Sánchez, que no hace tanto repetía que con la antigua Batasuna no pactaría nada, le impuso el velo blanco en su sesión de investidura considerándoles una fuerza «progresista». El objetivo, declararon ayer fuentes de Vicepresidencia, es dirigir «el actual rumbo del Gobierno de coalición en los próximos años en una dirección progresista apoyada en la mayoría de la investidura». Incluido Bildu.

Suspicacias en Sabin Etxea
La reunión despertó suspicacias en el PNV, que ve cómo los de Otegui compiten ahora en el papel de «conseguidor» en Madrid después de cuarenta años acusándoles a ellos de «venderse al enemigo» -España- y pactar con sus sucesivos gobiernos. Aunque en esta ocasión no hubo un puñetazo público en la mesa -como cuando el PSOE pactó con la formación de Otegui una eventual derogación de la reforma laboral y Andoni Ortuzar avisó a Sánchez de que se le agotaba la paciencia-, en el PNV recuerdan que ellos apoyaron la investidura (Bildu, como ERC, se abstuvo) a cambio de ser el socio prioritario. Por Sabin Etxea deberían pasar los planes del Gobierno antes de someterlos a la negociación con el resto de grupos, tal y como quedó recogido en el pacto. Algo que, evidente, La Moncloa no cumple.

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Oficialmente, el partido de Iñigo Urkullu resta trascendencia al encuentro de ayer y lo atribuye más al afán de protagonismo de Iglesias, quien por cierto les quiere fuera del Gobierno vasco añorando un tripartito con PSE y Bildu, lo mismo con ERC y PSC en Cataluña. «No sé qué competencias tiene Iglesias para hablar sobre eso, quizás será por cercanía, pero no creo que hablen sobre Presupuestos», dijo la líder peneuvista en Vizcaya, Itxaso Atutxa. La negociación, recuerdan, la llevan -o así al menos se dio por hecho- la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y la vicepresidenta Carmen Calvo.

A final del encuentro, la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua, aseguró que la suya fue «una reunión fructífera», centrada en la gestión de la crisis de la pandemia, pero avisó que está en juego «más que unos meros Presupuestos». Lo dijo así: «Hay una cuestión que incide más en el Estado español, tenemos la oportunidad de que se cambie el rumbo de este Estado y se solucionen de una vez por todas todos los problemas pendientes, que se adopten las soluciones pertinentes».

Preguntada, la portavoz de Bildu rechazó que esta negociación sea un canje de «Presupuestos por presos»; «No es la que contemplamos en absoluto», negó, aunque acto seguido insistió en que sus ejes son: «políticas progresistas», como la derogación de la reforma laboral del PP, «avanzar para solucionar el problema territorial» y «una solución a los presos». En esto último, Bildu aseguró que «hay predisposición» en el Gobierno.

Seguridad en el Gobierno
El Gobierno vuelve a mostrarse seguro de la aprobación de los PGE. Existe una sensación de que ERC se ha movido de sus posiciones más exigentes a otras más posibilistas. Fuentes del Ejecutivo ven cerca el acuerdo porque ERC «no puede jugar ya a otra cosa», porque, aseguran, «jugando a radicales no van a poder ganar a Puigdemont». No se rechaza tampoco la posibilidad de incluir «a posteriori» a Cs, que es la aspiración de La Moncloa porque le permitiría dotar al acuerdo de una pátina de transversalidad, informa Víctor Ruiz de Almirón.

Varios ministros consultados ven conveniente no cerrar esa puerta ante cualquier eventualidad en Cataluña. Otros, en cambio, ven «altamente improbable» que dichas fuerzas confluyan. Pero sí es general el sentir de que la disposición de ERC ha mejorado desde que los cuatro diputados del PDECat entraron en escena. La reunión de la tarde de ayer entre Calvo y Rufián no tuvo gran intrahistoria. Un encuentro meramente protocolario. Pero nada que se salga de lo esperado.

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