El fiasco de Bal en Madrid deja a Cs en peligro de extinción

Tercer funeral en apenas dos años. Ciudadanos (Cs) no levanta cabeza ni siquiera con Edmundo Bal, fichaje estrella de Albert Rivera, como candidato a las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid. Inés Arrimadas confió al abogado del Estado y portavoz nacional del partido una remontada casi imposible que no fructificó en las urnas. Después de lograr veintiséis escaños en 2019 y de dos años gobernando en coalición con el PP de Isabel Díaz Ayuso,
Cs ni siquiera obtiene representación.

La formación de Arrimadas, además, se queda lejos del cinco por ciento necesario para optar al reparto de escaños. Con un 96 por ciento del voto escrutado, Cs cosechó tan solo un 3,55 por ciento de los sufragios por el 19,4 por ciento obtenido dos años atrás.

Entonces, Cs incluso llegó a superar en votos al PP en la Comunidad de Madrid en las elecciones generales de abril de 2019. Aquella fiesta, en la que se coreaba un «¡a por ellos!» con cada escaño que sumaba Cs, contrastaba con el silencio instalado ayer en una sede en la que ni siquiera había militantes por prevención del coronavirus. Entre medias de los dos comicios regionales, más de 500.000 votos perdidos.

Los sondeos, que auguraban la desaparición de Cs de la Asamblea de Madrid, acertaron y trasladaron a su cuartel general, donde la dirección siguió el recuento desde las ocho de la tarde, un clima enrarecido y de tristeza que recordó al 10-N, cuando Rivera perdió 47 de sus 57 escaños en el Congreso. Tensión, lágrimas en los despachos y rostros desencajados asomados a la espera de la comparecencia de Bal, a las once de la noche, que desbordó emoción.

Bal, con escasa autocrítica, dijo que el resultado es «malo» para Cs, pero también «para Madrid y para España». Conteniendo las lágrimas en varios momentos y con el equipo de campaña acompañándolo en el escenario, el abogado del Estado cerró otra noche para olvidar con un mensaje: «El Gobierno de Madrid va a ser peor sin nosotros». Arropado por la cúpula de Cs, con especial apoyo de Begoña Villacís, en primera fila y que acompañó a Bal en un improvisado abrazo, lanzó una declaración de intenciones: seguir luchando. «En dos años entras», gritó el eurodiputado Jordi Cañas, volcado también con la campaña.

Al contrario de lo que sucedió antes y después de las elecciones catalanas, el cierre de filas es total con Bal y con el proyecto de Cs. Fuentes del Comité Permanente asumían ayer que no se hizo un buen trabajo en Cataluña y que fallaron en la ejecución de la moción de censura de la Región de Murcia -que precipitó estas elecciones-, pero seguían defendiendo la campaña madrileña. Nadie espera una dimisión de Arrimadas ni nuevos cambios en la permanente -tampoco los piden-, tras la ampliación que siguió a la errática moción murciana.

La líder de Cs, en un segundo plano, apenas apareció al final de la intervención de Bal para agradecer su paso al frente con un abrazo y para aparecer en la foto final haciendo piña con su portavoz. Nadie reprocha a Bal su desempeño; al contrario, anoche fue aplaudido como un héroe en la sede nacional de Cs. La escenografía, tan similar a la de la noche que precedió la dimisión de Rivera, devolvía al imaginario de los presentes un constante ‘déjà vu’. Pero en Cs se empeñan por ahora en rebelarse ante la adversidad. El 10-N, el batacazo de las elecciones catalanas y ahora la desaparición en Madrid. El recuerdo de UPyD es ineludible. Superarlo, casi imposible.