El canto del Ave Fénix

Hace muchos años escuché a un cineasta japonés de muy avanzada edad la siguiente reflexión: «yo sé que estoy en el ocaso de mi vida, sin embargo aun espero una primavera”. Unía de este modo dos hechos fundamentales, el paso de la vida y la esperanza de amar hasta su fin. Raúl Carbonell Sala, que es un excelente poeta, nos regala su reflexión y su vitalidad en esta obra que no se deja influenciar, ni constreñir, por ningún estereotipo externo a su propia mente.

Como ya en la antigüedad hicieron muchos poetas, y siguen haciéndolo gracias a Dios, nos habla del amor, eros o ágape, lo hace no desde la desnudez de un testamento, sino desde el ideal de darse a otro sin condiciones previas, ni prevenciones futuras. «Y el brillante resplandor del sí / Que revuelve planetas y sus noes / Y me alumbra el pecho como a ti».

En la poesía de Raúl Carbonell Sala podemos encontrar ecos de su vasta cultura, influencias de otros poetas, reflejos de aquello que ha vivido. Pero todo ello, siendo cierto, no lo es menos que nos lo entrega después de haber madurado en su bodega, para conseguir una poesía propia, que en su originalidad sorprende por la frescura pausada y como demuestra este mismo poemario va ganando con el tiempo matices y sabores que solo los años pueden lograr.

Con la maestría de sus versos, nos desvela el universo, la naturaleza y el efecto sobre los humano. «Desconocen lo mucho que se siente / Cuando el sol calla para ser la Luna», «La noche es tan grande y abundante / Que llena todo el mundo y lo conmueve /…/ Gozamos la belleza de reír / Mientras llega la noche siempre nueva» nos hace participes de la inesperada sorpresa de la primavera. «Te escucho decirme ‘amor mío’ / Y busco a mi lado con más ganas / Preguntando por donde has entrado / Si mis poros cerraron su palabra», por experiencia nos previene: «Está claro que medra el amor / Y si hay mermas será por tantas hojas / O por manos tocando el aire fresco». Habla de sus raíces mediterráneas: «Miramos el azul Mediterráneo / Cogidos de la mano y las algas», sin olvidar sus orígenes: «Mi abuela más grande que bonita / Venida en la barca por el Júcar»; nos hace partícipes de su ser amante: «Este novo pilar y nova vida / El ancho bastión donde te elevo / Para verte columna y aurora», «Siento un gran respeto por mí mismo / Cuando te amo a pecho descubierto / De forma natural sin más preguntas». Y cierra este libro de forma delicadamente fuerte, recordando que no hay futuro sin origen, que cada cual es lo que es por aquello que fue vivido: «De una mariposa moribunda / Creciendo lo ganado y lo perdido /Para empezar de nuevo con el mundo / Cargando el remoto pasado / En la gota de lluvia y en el viento / De los hilos de nube caminada / Que bellamente trenzas en silencio».

Siendo un bello libro de sentimientos y poesía en estado puro, esta no es la obra maestra del poeta valenciano, porque ello supondría que debería dejar ya la pluma tranquila en su tintero, y sus lectores nos perderíamos parte de las teselas de un mosaico precioso que con sus obras construye y nos regala.