El canciller Scholz se queda solo en su primer objetivo: la vacuna obligatoria

Quizá alguien se pregunte todavía quién es el canciller de la Alemania pos-Merkel, que desde que asumió el cargo mantiene un perfil excepcionalmente bajo. Olaf Scholz es, para más señas, el hombre que fue este miércoles acribillado a preguntas en la primera sesión de control parlamentaria, en la que quedó en evidencia la fragilidad de su liderazgo. Scholz se quedó solo defendiendo la vacuna obligatoria, su primera iniciativa, que esperaba ver aprobada en febrero y cuyo futuro ahora está en el aire.

«Personalmente, estoy a favor de la vacuna obligatoria, vacunarse no es solo una decisión personal sino algo que afecta a millones de personas», dijo ante el pleno del Bundestag, pero consciente de la falta de apoyo para su propuesta, reconoció que «es un tema que afecta a nuestro cuerpo y cada cual tiene que votar siguiendo su conciencia». Su gobierno no presentará finalmente el proyecto de ley que había anunciado personalmente en diciembre, por falta de apoyos, y deja el asunto en manos de los grupos parlamentarios. Incluso su ministro de Justicia, el liberal Marco Buschmann, enfatizó «el valor de la libertad» y prometió «garantizar el equilibrio entre seguridad y libertad» y terminar con «situaciones absurdas».

Los Verdes, socios también de la coalición de gobierno, solo apoyan el proyecto con la boca pequeña y se proponen ganar tiempo con una propuesta «en dos fases», mientras El Defensor del Paciente, Eugen Brysch, ha pedido a Scholz «grandeza para el arrepentimiento» y que abandone el proyecto.

Sin apoyo de su propio partido
Scholz, ni siquiera cuenta con el apoyo de su partido, el SPD, cuyo secretario general, Kevin Kühnert, se ha puesto de perfil y ha evitado posicionarse. Y el presidente federal, el también socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, invitó este miércoles al Palacio de Bellevue a científicos y ciudadanos, tanto a favor como en contra de la inmunización obligatoria, escenificando así un debate público que el canciller Scholz ha evitado y recuperando el gran tema de su mandato: mantener unida a la sociedad a través de la pandemia.

El debate, por cierto, llegó a ser muy encendido, pero Steinmeier subrayó que el mero hecho de poder discutir demuestra que no existe una «dictadura del cononavirus», de la que se quejan las manifestaciones de los lunes, que sacan a la calle ya a unas 200.000 personas cada semana. Las provocadoras preguntas formuladas por la oposición de Alternativa para Alemania (AfD) se concentraron en la debilidad de un canciller que ni siquiera es capaz de aunar el apoyo de los suyos.