Por qué las «fake news» vuelven a crecer pero igual no es tan preocupante

La mentira es un elemento tan antiguo como el ser humano. Pero algo es cierto: tiene las patas cortas. Se habla mucho de ellas pero, al final, se diluyen. Y las redes sociales, como fenómenos de magnitud global, no han escapado de aquellos que han querido aprovechar su capacidad de distribución para engañar a los usuarios. Desde 2016, coincidiendo con las anteriores elecciones presidenciales en Estados Unidos, los ciudadanos se quitaron la venda de los ojos: descubrieron que con poco dinero y un poquito de maña se podía llegar a muchos colectivos.

Las empresas tecnológicas propietarias de servicios digitales han estado en el epicentro del tsunami de críticas. No sin razón. Amparándose en que no son medios de comunicación al uso, plataformas como Facebook han mirado hacia otro lado en esta controversia de alcance mundial. En este tiempo la firma fundada por Mark Zuckerberg ha introducido algunas medidas para combatir las llamadas «fake news», pero en la práctica, según diversos estudios recientes, apenas han tenido influencia. Los bulos a través de su red social de los 2.500 millones usuarios tiene un impacto incluso mayor.

El alcance de las noticias falsas propagadas a través de la red social sigue creciendo y, durante este año, la desinformación ha llegado a más gente que en la campaña de 2016, según un informe (PDF, en inglés) publicado por la organización Avaaz. Entre enero y octubre, las 100 publicaciones demostrablemente falsas (demostradas por verificadores independientes) más populares que circularon por este servicio se vieron unas 159 millones de veces en total.

Fueron publicadas, en su mayoría, hasta en 2,3 millones de ocasiones. Lograron unas 8,9 millones de interacciones, desde «me gusta», comentarios o fueron compartidos por parte de los usuarios. Así es como, sin quererlo, se contribuye a la difusión de mensajes malintencionados. Aún con todo, el impacto de las «fake news» ha empezado, de nuevo, a preocupar. Es cierto que todavía queda un año para la celebración de las elecciones presidenciales de EE.UU., Pero, según este estudio, estas informaciones falsas, que general trata de contenidos políticos, ya han logrado mayor alcance que las más virales publicadas cuatro, cinco y seis meses antes de los comicios de 2016 cuando salió ganador Donald Trump, candidato republicano.

Los expertos creen que, a diferencia de entonces, los bulos están apareciendo mucho antes que en la campaña de 2016. Pese al preocupante aumento de los bulos, otros estudios rebajan la influencia de estas informaciones en el discurso político. «La gente que tiene unas ideas claras, las refuerza con estos discursos. No tenemos datos que nos permitan afirmar que hay un impacto de las redes sociales sobre comportamientos políticos. Hay una cierta tendencia en culpar a las tecnologías de dinámicas sociales que no son incómodas como el aumento del odio. Todo esto es mucho más complejo. Culpar a una empresa americana es muy fácil», sostiene en conversación telefónica con ABC Gemma Galdón, especialista en el impacto social de la tecnología y directora de Éticas. En su opinión, pese a todo, cree que Facebook «no está haciendo todo lo que debe de hacer» para reducir la distribución de contenido falso a través de su plataforma, pero asegura que «afirmar que está influyendo en dinámicas como un cambio de gobiernos no está demostrado científicamente».

«La gente que tiene unas ideas claras, las refuerza con estos discursos. No tenemos datos que nos permitan afirmar que hay un impacto de las redes sociales sobre comportamientos políticos»

La desinformación a través de internet ha pasado a ocupar un papel central en el debate público. Máxime a las últimas informaciones como la detección de campañas de promoción de noticias falsas para influir en el resultado electoral por parte de piratas rusos. «Si no se toman acciones con carácter inmediato, anticipamos que las elecciones de 2020 en EE.UU. se verán, de nuevo, fuertemente impactadas por la desinformación», aseguran fuentes de Avaaz a través de un comunicado.

Para Galdón, «las redes no están evitando cómo su algoritmos llevan al contenido de odio, pero no está demostrado que este discurso tenga una traslación en el comportamiento en opciones políticas de los ciudadanos». La causa-efecto es «muy débil» en opinión de esta experta, quien considera que el proceso de definición de las opciones políticas «es un proceso muy complejo» que tiene que ver del ámbito de socialización, del trabajo, de lo que dice tu familia. «En ese ecosistema de influencias, las redes sociales son un elemento más, pero no sirven si no se apoyan en nuevas dinámicas», subraya.

El informe de la ONG apunta, sin embargo, que de las millones de vistas que recibieron estas publicaciones falsas, las páginas oficiales del Partido Demócrata y del Republicano «sólo» fueron vistas 59 millones de veces en ese mismo período. Un dato similar a otros estudios anteriores en el que se ha asegurado que solo un escaso porcentaje de la población le llegan estos bulos. En este caso, y tras realizar el análisis, la investigación recogía que la noticia falsa que mayor alcance logrado a través de Facebook durante los últimos meses en EE.UU. -vista en 29 millones de ocasiones- fue una en la que se decía que el abuelo del presidente Donald Trump fue proxeneta y evasor fiscal, y que su padre pertenecía al Ku Klux Klan.

La segunda y tercera noticias falsas más propagadas correspondieron a políticos del Partido Demócrata, asegurando la primera de ellas que la portavoz de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, estaba desviando fondos de la seguridad social para pagar el juicio político contra Trump. La tercera, por su parte, decía que la mediática representante neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez había propuesto prohibir las motocicletas.

Según reveló en enero de este año un estudio publicado por la revista «Science», solo el 1% de los usuarios de Twitter analizados representaron el 80% de la exposición de contenido informativo falso. De todos los usuarios que participaron en la desinformación, el 0,1% fue responsable del 81% del conjunto de noticias falsas compartidas. Sólo un 6% de las noticias que se compartieron eran falsas.

Un experimento realizado en 2017 por un grupo de investigadores de las universidades de Hawái e Indiana dieron con algunas conclusiones interesantes. En su informe, se observó una «disonancia cognitiva» entre los usuarios; mostraron una actividad cerebral más elevada cuando los titulares de noticias en Facebook coincidían con sus creencias a pesar de que fueran marcados como falsas por parte de los servicios de verificación de la red social. La compañía, en ese sentido, ha incorporado un modelo basado en la transparencia para que los usuarios conozca información sobre los anunciantes en campaña electoral.