Maduro se erige en líder evangélico para atajar la caída chavista

Nicolás Maduro ha vuelto la mirada hacia los evangélicos para buscar apoyo en un momento en el que el oficialismo se prepara en Venezuela para enfrentarse a sus rivales políticos en las elecciones parlamentarias de 2020. El chavismo ve en su empobrecido abanico de opciones una nueva estrategia para tomar el control de la Asamblea Nacional, que durante cinco años lo ha tenido la oposición venezolana. Así que este, y cualquier mecanismo para sumar votos a su favor, le servirá al líder chavista para aliviar el malestar que le ha provocado su mísera popularidad en el país, que según la encuestadora Datanálisis se sitúa en el 12%.

De 57 años, Maduro ha hecho dudar a más de uno sobre su verdadera religión. Ha dicho abiertamente que es fiel al movimiento espiritual Sai Baba, con origen en la India y más de 30 millones de seguidores en todo el mundo. También ha predicado la palabra de Cristo en sus discursos, porque dice ser cristiano, apelando al legado de Hugo Chávez, de quien heredó la presidencia y fue visto por sus seguidores como el «Cristo de los pobres» después de su muerte en 2013. El fallecido presidente venezolano sembró la creencia de que Jesucristo era el jefe de la revolución bolivariana y con frecuencia predicaba el Evangelio en sus apariciones públicas, una maniobra vista por muchos como manipulación.

Miles de dólares en santeros
La brujería sería otra a la que Maduro rinde devoción, por lo que es considerado el cliente predilecto de los babalaos. Hugo Carvajal, exjefe de la contrainteligencia militar venezolana y buscado por Estados Unidos, afirmó que Maduro «gasta cientos de miles de dólares» en santeros cubanos. Pero Maduro no es el único. Gran parte de la cúpula del régimen venezolano está altamente involucrada en el espiritismo, del que el propio Chávez quedó seducido por los rituales cubanos desde que comenzó su amistad con Fidel Castro.

El catolicismo es una de las religiones que Maduro ha dicho públicamente no compartir. Aunque paradójicamente en el año 2016 el Papa Francisco recibió al líder chavista en El Vaticano. La visita se dio ante «la preocupante situación de crisis política, social y económica» que atraviesa Venezuela, por lo que la Santa Sede se reunió en privado con Maduro para pedir un encuentro pacífico entre ambos sectores políticos. Antes de este encuentro (2015), el presidente chavista había puesto como excusa un problema de salud para suspender la reunión con el Sumo Pontífice.

A principios de este año, el Papa reprochó a Maduro, a través de una carta filtrada por el diario italiano «Corriere della Sera», el incumplimiento de acuerdos entre Miraflores y la Santa Sede, en el diálogo de negociación que se llevó a cabo en la República Dominicana en 2018 y en la que El Vaticano participó como mediador. En la misiva, Francisco se dirigió a Maduro como «excelentísimo señor» y no como presidente, una expresión que aplaudió la oposición venezolana, que aún celebraba la proclamación de Juan Guaidó como presidente interino. El modesto regaño de Jorge Bergoglio, no sorprendió a los líderes de la Iglesia Católica de Venezuela, quienes desde hace mucho tiempo han estado en la acera de enfrente de la revolución bolivariana.

La Venezuela chavista no es ajena al auge del Evangelio en otros países de América. Un espejo en el que pudiera estar viéndose Maduro es el de Estados Unidos, un país que ha tomado muy en serio a los cristianos al ser un grupo clave en la victoria de Donald Trump en 2016. Otro espejo, y más cerca de Venezuela, es el de Brasil, donde gobierna Jair Bolsonaro desde enero de 2019, gracias al apoyo de la comunidad cristiana, fundamental para su elección.

A la política venezolana llegó un pastor que decidió competir contra el líder chavista en las elecciones presidenciales de mayo de 2018, en las que Maduro terminó alzándose con un segundo mandato tras unos resultados que siguen siendo poco creíbles. Javier Bertucci, de 50 años, es un líder de la Iglesia Maranatha, y ha utilizado sus principios religiosos como bandera para ayudar a los más afectados por la cruenta crisis del país. En las fraudulentas elecciones, Bertucci obtuvo un millón de votos que lo dejó en el tercer lugar.

El Gobierno de Maduro se ha dado cuenta un poco tarde de que el pueblo cristiano ha sido muy activo en las elecciones. Para Bertucci, los evangélicos, que rondan las seis millones de personas, fueron ignorados por mucho tiempo y, no obstante, «las incidencias de las últimas acciones de Maduro son muy mal vistas en la mayoría de los seguidores cristianos y sienten un rechazo muy alto hacia el Gobierno nacional, porque ellos viven lo que todos los venezolanos vivimos», dijo a ABC. En ese sentido, Bertucci ha puesto en duda que a Maduro le sirva esta nueva estrategia para triunfar electoralmente el próximo año.