Los manifestantes de Hong Kong claman venganza por el primer herido de bala

En lugar de la traca final después de casi cuatro meses de protestas, los graves disturbios de Hong Kong durante el Día Nacional de China pueden ser un nuevo punto de inflexión hacia otra escalada de la violencia. Los manifestantes más radicales claman venganza por el balazo que un joven recibió el martes cuando atacaba a la Policía. Aunque el herido, un estudiante de 18 años identificado como Tsang Chi-kin, se encuentra fuera de peligro tras serle retirada la bala alojada en su pulmón izquierdo, a solo tres centímetros del corazón, el incidente ha soliviantado a la opinión pública. Este miércoles, cientos de personas se manifestaron de forma espontánea por las calles del centro de la isla y, al anochecer, estallaron nuevos altercados en otros barrios.

«Este es nuestro aviso final: esto significa la guerra», amenazaron unos manifestantes enmascarados ante la puerta del colegio donde estudia el herido, en el distrito de Tsuen Wan. Aunque todavía tienen que decidir las acciones a tomar, avanzaron una escalada de las protestas «por todos los medios» que hace temer nuevos incidentes. Según informa el periódico «South China Morning Post», grupos de jóvenes ataviados de negro se echaron a las calles al caer la noche y atacaron varios comercios vinculados a China, como un banco estatal y un salón de vídeojuegos sospechoso de ser afín al régimen de Pekín, así como estaciones de metro y una comisaría de Policía.

Fuego real
«El agente no debería haber empleado una pistola con fuego real», criticaba a las puertas de la escuela un compañero del estudiante herido, quien destacaba en el equipo de baloncesto y se había señalado como uno de los líderes de las protestas. Conmocionados por el incidente, los alumnos del centro, llamado Colegio Público Ho Tsuen, se declararon en huelga y le rindieron homenaje colocando a las puertas pequeñas garzas de papel al estilo japonés. Pero este grave episodio parece haber dividido a los estudiantes y profesores porque el muchacho estaba atacando a la Policía y, según reconocía uno de los alumnos, «se trata de un asunto delicado que prefiero no comentar en público».

Por su parte, el colegio ha prometido que el herido podrá reincorporarse sin problemas a las clases cuando se recupere y ha ofrecido ayuda psicológica al alumnado, pero evita posicionarse sobre el incidente, que ha empañado la celebración del 70º aniversario de China.

Desde que empezaron las manifestaciones reclamando democracia a principios de junio, el martes ha sido el día más violento. Con un número récord de 269 detenidos (93 de ellos estudiantes) y 117 heridos, la contundente actuación policial para sofocar las protestas que se extendieron por todo Hong Kong ha indignado aún más a la opinión pública. Si hasta ahora los antidisturbios habían lanzado 3.100 rondas de gases lacrimógenos y 590 pelotas de goma, en su solo día dispararon 1.400 y 900, respectivamente, así como seis tiros al aire. Pero, en lugar de intimidar a los manifestantes, parecen haberlos enfurecido aún más.

Ante la proliferación de actos violentos y vandálicos cada fin de semana, varias asociaciones policiales y grupos políticos y sociales afines al régimen chino han pedido al Gobierno local que declare el estado de emergencia. Dicha normativa, que data de la época colonial británica y no se emplea desde los graves disturbios que sacudieron a la ciudad en 1967, otorgaría a la jefa ejecutiva, Carrie Lam, poderes especiales para decretar el toque de queda, la censura de los medios y las detenciones preventivas de sospechosos con el fin de acabar por la fuerza con la agitación política que vive Hong Kong.