«Lo sé todo sobre ti, usuario»

La implementación de la Inteligencia Artificial (IA) en el comercio online, está marcando un cambio de era. No solo para los compradores a través de los medios digitales, es algo que afecta a toda la población. Entre sus beneficios para las empresas destacan, la optimización de los procesos de contacto, relación y fidelización con el usuario, para crear patrones de comportamiento y poder ofrecer a sus clientes más y mejores productos que se ajusten a sus gustos actuales y futuros. El acceso a los algoritmos de IA promete transformar los procesos de negocio, mejorar la experiencia del cliente generando, con ello, un aumento de los beneficios.

Un salto estratégico que ningún experto en marketing se quiere perder. Según un estudio elaborado por el MIT Sloan Management Review y The Boston Consulting Group, 6 de cada 10 tiendas online utilizará algún tipo de IA en el 2020. No es para menos, si una compañía dispone de los suficientes datos históricos, tiene en sus manos la posibilidad de mejorar sus resultados mediante un análisis riguroso de los mismos. En el caso de no tener esa información, siempre se puede acceder a ella previo pago.

Los seres humanos somos muy complejos, pero también muy predecibles. Nuestro comportamiento a la hora de comprar obedece a un patrón claro de conducta. Aunque no nos guste admitirlo todos nos parecemos mucho más de lo que creemos. Con la cantidad suficiente de datos sobre un individuo y una detallada segmentación que sea capaz de evolucionar con los acontecimientos, resulta posible predecir un patrón de personalidad y esta, es la base para ser capaces de inducir un comportamiento.

Nuestro rastro digital es la base de una industria que mueve varios billones de dólares al año en todo el mundo. Nos gusta tanto compartir, observar, conversar, comprar e interactuar en las redes que casi nadie se plantea que todo ello conforma la base para sementar nuestros perfiles psicológicos y predecir nuestro comportamiento. Todas nuestras llamadas, movimientos de tarjeta, interacciones digitales, mensajes, búsquedas, ubicaciones, los ‘me gusta’, están conectados a tiempo real y relacionados con nuestra identidad, proporcionando a cualquier comprador un acceso directo a nuestro pulso emocional.

Nuestra información es el gran negocio de las macro-compañías digitales, este es su gran poder. Los datos son la mercancía más valiosa del siglo XXI. Esto hace posible que intereses privados sean capaces de transformar nuestra visión de la realidad generando contenidos personalizados. Aplicar algoritmos de decisión autónomos (IA) sobre los perfiles psicológicos, hace que dichos algoritmos aprendan, cada vez más y mejor sobre las motivaciones de nuestro comportamiento, estableciendo nuevos y más depurados hábitos de conducta.

Nos guste o no estamos alimentando una herramienta capaz de conocernos mucho mejor que nosotros mismos. Esta herramienta estará cada vez más, disponible para los intereses privados. ¿Un salto de gigante para el comercio? ¿Una amenaza para la sociedad?

La integración de la tecnología es imparable. Vivimos un cambio de era. Pero existen dos debates muy necesarios. Uno en el terreno de la ética: todos somos co-responsables, aunque no queramos o no podemos entenderlos. ¿Qué haremos con esta responsabilidad?; El segundo tiene que ver con la legislación: no es posible tener un libre comercio, cuando no somos verdaderamente libres a la hora de comprar. Las barreras entre la seducción y la manipulación están abiertas. Es necesaria una legislación que no solo proteja al ciudadano, también prevenga de un mal uso de toda esta tecnología.

José Antonio Alguacil León es experto en publicidad y CEO en Ilusion Labs